lunes, 20 de noviembre de 2017

DE LA PANTALLA XI 19 17

México D.F. 1ª temporada grande

Un mal negocio
(Jorge Arturo Díaz reyes)

Acontecimiento. Abrió la temporada grande de la plaza más grande, La México. Mano a mano de los dos países más taurinos con sus respectivas figuras. Ganadería escogida. Televisión. Gente mucha, en ningún otro coso del mundo cabría tanta y...    

Los bellos saltillos de Teófilo Gómez, monopuyados, desfilaron uno tras otro, con sus justas cuernas y fuerzas, caminando el ruedo sin el menor asomo de bravura, blandeando con doméstica docilidad. “Crio toros para el torero, el día que esto no sea negocio me quito”, había declarado ante las cámaras el ganadero en los preámbulos de la corrida, con olímpica sinceridad. Ese es el negocio.

Bien criados, parejos en sus 522 kilos promedio. De bonita silueta, cárdenos menos un colorado quinto, pero con pintoresca variedad de matices; claros, oscuros, capirotes, listones, caribellos, bragados, salinero… Tan atractivos empaques hubiesen merecido contenido soberbio. No esa empalagosa obediencia, modosa, floja, desinteresada, inofensiva y servil.  

El Juli, que puede con todo, se dio un banquete opiparo. Entendimiento, criterio, medida, oportunidad, facilidad, temple, lentitud, ligazón, postura y repertorio. Todo cuanto un maestro del oficio puede hacer con material tan maleable. ¡Cómo le ovacionaban! Obviando el mortecino talante de los toros le abrieron la puerta grande tras las lidias del primero y el tercero, pero se la tuvieron que volver a cerrar pues al final el julipie dio en hueso por dos veces, antes de la hemorrágica y fulminante estocada. De todas maneras, creo que pocos podrían construir discursos tan coherentes y rimados con temas tan carentes de inspiración. Él lo hizo maestramente y se lo agradecieron mucho. Quizá demasiado, pero cada quien es dueño de su propia gratitud. Con el requeté aburridor quinto, colorado, solo lució, tras el seudopuyazo, un pinturero quite de navarras. Fue como por no dejar las cosas en blanco.  
        
El valeroso Joselito Adame, no necesitó acudir a sus reservas de adrenalina. El segundo trastabillaba y se caía desluciendo el trasteo aseado, posicionado y persistente. De pronto el torero se cayó solo bajo la cara de la caritativa res, que ni lo miró. Incorporado, agradeció con cuatro molinetes y cuando el paisanaje se disponía a entregarle la peluda para empatar el marcador, tiró una estocada tendida, inocua y luego se puso a pinchar y pinchar con la cruceta, hasta cinco veces. El aviso y algunos abucheos de los veleidosos que minutos antes aplaudían, le marcaron la tarde. En el cuarto le cobraron con indiferencia la estulticia del toro, y él tratando de recuperar afectos alargó ilógicamente, insufriblemente una faena sin alma. Ya había perdido las mayorías. Además, volvió a pinchar. Al sexto dos largas cambiadas, un quite por saltilleras y pare de contar.

En el papel era una tarde importante. En la arena no lo fue. La prontitud, la codicia, el poder, el armamento, la soberbia, la emoción del toro son los elementos que dan jerarquía a las faenas, a las corridas y a las plazas. Eliminarlos con la crianza y escoger lo que queda en las fechas claves no es buen negocio para la fiesta.   

FICHA DE LA CORRIDA
México DF. Domingo 19 de noviemre. 1ª de Temporada grande. Más de tres cuartos de entrada. Seis toros de Teófilo Gómez, bien presentados, flojos, dóciles y mansos. El Juli, oreja, vuelta y silencio. Joselito Adame, silencio tras aviso, silencio y silencio.

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