domingo, 30 de julio de 2017

PUENTE PIEDRA, INDEPENDENCIA

Categórico triunfo de Juan de Castilla y Mondoñedo
(Paulo Andrés Sánchez Gil)

Juan de Castila. Foto: Jorge Arturo Díaz R., archivo
La corrida de la Independencia en Puente Piedra reunió a cerca de 4.000 aficionados que acompañaron el triunfo de Juan de Castilla, arengaron por la tauromaquia y dejaron claro que la fiesta goza de buena salud.

El triunfo de Juan de Castilla fue rotundo, sus dos actuaciones compactas y la sensación dejada, promisoria. El que cerró la corrida de Mondoñedo recibió la lidia correcta y los toques perfectos para irse tras la muleta del Antioqueño, que hizo compendio de tiempos y distancias y dejar lucir la clase del toro. Y lo que venía en el punto correcto, terminó en delirio con un circular larguísimo rematado con cambio de mano rubricado con el espadazo que confirmó las dos orejas y la vuelta al toro.

Al tercero había cortado una luego de una faena en la que aprovechó la calidad del toro para el que se alcanzó a pedir indulto. No era para tanto, fue pastueño, pero no fiero. Las series tuvieron largueza y temple, los circulares invertidos y un cambio de mano presagiaron triunfo, pero la estocada caída dejó el premio en una oreja y vuelta al ruedo al toro. A Juan le sobra afición, y aunque parezca una obviedad, vale la pena reconocer que a veces la afición llega justa y no da para más, otras, como en este caso, permite que Colombia se ilusione con el torero que hace rato quiere Colombia.

Rafaelillo pasó sin pena ni gloria por las afueras de Bogotá. Había ilusión por ver al que se acartela con los Miura en todas partes casi siempre, el infaltable en San Isidro, el torero de valor que puede con todo. Pero llegó desangelado y quizás con la idea del compromiso en plaza de tercera, sin tener en cuenta que en los tendidos estaban cuatro mil habituales de La Santamaría de Bogotá. En el primero no hubo fondo ni brillo en la faena. Y en el cuarto tampoco se acopló y apenas dejó algunos detalles con la mano izquierda. Alargó innecesariamente buscando el triunfo, pero no logró unanimidad. Palmas en el arrastre y algunas palmas al torero.

Manuel Libardo no ha podido construir la lógica de su tauromaquia. Claras las formas, claras las distancias, claras las suertes, pero extraviados los tiempos. Una y otra vez, es siempre menos elocuente el contenido de lo que se puede ver, porque carece de ligazón, porque lo que el quiere que se vea al aire del toro, se percibe parsimonioso en su discurso, y así no alcanza los triunfos, como lo dejó ir en el quinto.

En el segundo se topó con un toro pronto, y con tranco que se fue haciendo más dócil. A Libardo le faltó desición aunque dejó algunos pases cadenciosos. La faena se vino a menos y el esfuerzo fue insuficiente. Pinchazo y estoconazo fulminante. Palmas en el arrastre, nada más.

Bueno, si, algo más..., pareció tentadero en Mondoñedo, en el que fueron todos a varas dos veces partiendo de largo y empujando como los bravos, haciendo honor al hierro. Los toreros saben que sangre corre por esos toros y se prestaron para el buen espectáculo de verlos galopar desde los medios y a los varilargueros alargar el palo y poner los puyazos con acierto. La tarde también fue de Rafael Torres y de Cayetano Romero.

FICHA DE LA CORRIDA
Plaza de Toros de Puente Piedra, Subachoque. 4.000 aficionados, casi lleno.
Toros de Mondoñedo. bravos y con clase. Todos aplaudidos en el arrastre. 3o y 6o premiados con vuelta al ruedo. Pesos: 494, 507, 512, 460, 452 y 465 kg.
Rafaelillo: silencio y palmas.
Manuel Libardo: leves palmas y silencio.
Juan de Castilla: oreja con petición de la segunda y dos orejas.

Saludaron tras sus pares al quinto Emerson Pineda y Carlos Garrido, y al sexto Ricardo Santana y Carlos Garrido. Ovacionadas las varas de Rafael Torres y Cayetano Romero.

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