miércoles, 5 de julio de 2017

DE LA PANTALLA VII 5 17

Colombo va por todo  
(1ª de San Fermín)

El novillero de San Cristóbal, refrendando los dos triunfos recientes en Madrid, ha prendido las Fiestas de San Fermín con su macizo toreo de tres tercios. El navarro Marín corto una oreja y Toñete mostró finura. Noblote y flojo encierro.

Los utreros de El Parralejo tenían fijeza y deseos de repetición, pero la flojera de remos y la falta de fondo no los dejaban prosperar. Como sería que, tras la primera tanda, el segundo se tiró descaradamente al piso y no hubo poder humano que pudiera levantarlo. Se ordenó su apuntillamiento ignominioso en el ruedo. Los otros blandearon a pata cambiada.

Por otro, lado la mansa docilidad, el desgano y algunos inocultables indicios de bobería también abortaban la emoción. Pero no hay mal que por bien no venga, esa misma modosidad en el caminar tras los engaños, propició la lentitud, el temple y la ligazón que afloraron en casi todas las faenas a la manera de cada lidiador. Yo, del ganadero, no estaría tan autocomplacido con el argumento peregrino de que cada que aparecen por aquí abren la puerta grande con ellos.

Colombo, por encima de su lote y de sus alternantes iluminó la primera tarde-noche de los sanfermines. Lucido de capa, formó un lío en banderillas, con un primer par a toro parado, un segundo citado de molinillo lento y un tercero a la moviola seguido de galleo, todos ejecutados, con gran solvencia, elegancia y precisión dinamitando el tendido. Tres buenas derechas con su broche y cuando la plaza era una fiesta el animal se acostó...

Al quinto, el más encastado, “Pelirrojo”, pero en realidad pelinegro, le saludó con siete verónicas, le puso en suerte con chicuelinas al paso, le quitó por caleserinas y otra vez, íngrimo en el ruedo, le ofició tres irrefutables y ovacionados pares. Pamplona era suya. La muleta lenta, tersa, baja y rimada condujo por los dos pitones en redondo los 492 kilos del parralejo. Nada de rudeza, nada de vulgaridad. Cuando los pitones pararon bajo el brazo, junto a sus tobillos, no quiso enmendar, fue cogido buscado y pateado, pero se repuso y como si nada volvió a la cara con alboroto musicalizado. Cuatro bernadinas de susto y un estocadón de justicia. Todo para el venezolano. Viva Venezuela.

Javier Marín se despedía como novillero de sus paisanos navarros y quiso hacerlo triunfalmente. Dos faroles de rodillas abrieron una lidia correcta de su parte, pero a la que la blanda sosería del utrero quitaba la repercusión merecida. Sin embargo la espada, media, tendida logró con su afortunada eficacia instigar el cariño del paisanaje y la oreja. Frente al cuarto, fue por la entreabierta puerta con una brega vehemente, no correspondida por la poca bravura ni por su estoque. Una contraria, tres descabellos, dos avisos y un silencio piadoso.

Toñete tiene un capote más bien tristón y no pone banderillas, pero con la muleta se crece. Postura, trazo y limpieza dejan ver la sabia mano de su maestro Manolo Sánchez. Tuvo un lote amigable, dulzón, desforzado con el cual compuso imágenes y movimientos bonitos. Pero la suerte suprema le resulta otro de sus vacíos. Pinchando mal derrochó la oportunidad y el favor del respetable.

Ya de noche Colombo salió a hombros, valiendo más de lo mucho que valía cuando entró por la tarde. Lo espera de nuevo Madrid. Apuesta grande. Va por todo.  

FICHA DE LA CORRIDA
Pamplona. Miércoles 5 de julio. 1ª de San Fermín. Tres cuartos de plaza. Seis novillos de El Parralejo, 472 kilos promedio, cómodos de hechuras, nobles pero escasos de fuerza y raza.
Javier Marín, oreja y silencio tras dos avisos.
Jesús Enrique Colombo, silencio y dos orejas.
“Toñete”, silencio y silencio tras aviso.
Incidencias: La terminar el festejo Jesús Enrique Colombo salió a hombros.

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