miércoles, 12 de julio de 2017

DE LA PANTALLA VII 12 17

(8ª de San Fermín)
  
Castella brinda el 1º a la memoria de Iván Fandiño
Dos puertas grandes excesivas. Seis faenas aplaudidas. Castella pone el punto más alto y sale a pie. Un encierro diverso entre la nobleza y la mansedumbre.  

Los toros de Victoriano del Río, dos de ellos, el cuarto y el sexto con el hierro de Cortés, todos cinqueños y negros, menos el segundo berrendo en castaño, y bien puestos de pitones. Por lo demás exhibieron desigualdad de volumen, y romana de hasta noventa kilos entre uno y otros. Por calidad sobresalió lejos el tercero, no picado pero repetidor y franco a lo largo de toda la lidia. El toro de la corrida. En los otros predominó la sosería, la falta de acometida y emoción.

A pocos kilómetros de su patria y con tantos paisanos en el graderío, el francés Sebastián Castella, debió sentirse local. Una honda serenidad, casi solemne, usual en él, pero contrastada con el telón de fondo; ese orgiástico ambiente de la plaza. Así estuvo toda la tarde, tanto en su completa y premiada primera faena, como en la difícil del cuarto, que no se le fue vivo con los tres avisos por cortesía de la señora presidenta.

Al uno le meció cinco verónicas, una media y una larga de molinete. Se lo quitó a Doblado por chiculeinas y revolera. Llevaba lazo luctuoso, brindó conmovido a Fandiño, e inició estatuario la faena pasando cinco ayudados por alto, un desdén y un pase de pecho, encadenados. Las tandas en los medios, predominantemente naturales, fueron templadas, dibujadas y rimadas, de a tres y de a cuatro, en redondo con sus broches y al final circulares de diferente dirección. Impertérrito, relajado y a gusto. Compensando con torería la justa raza del toro. Tras la estocada pasada y levemente desprendida y una espera que hizo presentir mucho rigor en el palco, se concedió la oreja. Cuan equivocados estábamos.

Con el manso cuarto porfió a brazo partido hasta pasarse de faena. La igualada fue un calvario. Pasó y pasó el tiempo, mientras pinchaba tres veces, sonaban dos clarinadas, descabellaba y descabellaba y arriba la señora Caballero Martínez como el inefable Curro Puya, paraba los relojes.

El segundo, encastado, tumbó a Tito Sandoval quien después le devolvió atenciones con dos medidas varas. López Simón, destemplado con la capa, como estuvo toda la corrida, vio lucirse a Marín en el quite por altaneras. Luego producción de pases al por mayor y al detal. Sin mensaje, sin hondura, sin ángel. Ya cerca de tablas, el humillador clavó pitones y se dio la vuelta canela. No pasaba nada. Entonces se tiró a matar de frente, a la cuna, sin torear, sin vaciar. Mató y la peligrosa doble voltereta ganó la piadosa oreja.

Con el soso quinto logró algo inédito. Sumió la bullanguera plaza en un letargo de siesta y así la mantuvo hasta cuando la espada desprendida surtió efecto entonces los recién despertados incluida su señoría se sumaron para cortar la oreja de la puerta grande.  

Al carismático Ginés Marín le embisten los toros y no los remata. En Madrid en las dos corridas que siguieron a su triunfo, y, aquí, con “Forajido”, otra vez el de la tarde, noble y alegre. Lucido y largo de capote, Brindó al público, empezó de rodillas, luego de pie, luego por un lado, luego por el otro, con su fresco estilo, pero todo a inmerecidas distancias en los embroques. Bueno, ya casi nadie se fija en eso. La cosa iba viento en popa hasta que topamos con hueso tres veces antes de la estocada. El toro se fue ovacionado y él joven presto, igual que en ocasiones anteriores, convirtió las palmas en saludo, y el saludo en vuelta espontánea que nadie protestó.

La faena del sexto tuvo menos intensidad que la del tercero, porque el toro tampoco la tenía. Parecía que el triunfo y la sustitución de Roca Rey mañana se iban, pero la espada certera tiró a “Gaditano” sin puntilla, y todo cambió en un segundo. Las baratas dos orejas, la vuelta en hombros, la puerta, la multitud, el contrato, los titulares...

Pamplona, por su categoría, por todo lo que significa y vale, merece más rigor, más autoridad, más seriedad y más respeto en el palco.

FICHA DE LA CORRIDA
Pamplona. Miércoles 12 de julio. 8ª de San Fermín. Sol. Lleno.  Cuatro toros de Victoriano del Río, y 4º y 6º de Cortés, cinqueños todos, 547 kilos promedio, bien presentados pero desiguales de presencia y juego, nobles, blandos y bajos de raza raza. Sebastián Castella, oreja y palmas tras dos avisos. López Simón, oreja y oreja. Ginés Marín, vuelta y dos orejas.
Incidencias:  Al terminar la corrida salieron a hombros López Simón y Ginés Marín.

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