lunes, 31 de julio de 2017

AZPEITIA 3ª SAN IGNACIO

¡ Oooh! el cuarto
(Siguiendo a Barquerito)

Lunes 31 de julio. Argentinos en Azpeitia, uno fue Papa. Cuadris con cuajo, el cuarto una mole. Paulita refinado, interesante debut de Ritter. Lamelas arrojado y trabajador. Dos tercios de plaza.

Enviado por Ignacio Álvarez Vara:De los comedores populares de Azpeitia el de más calidad es el Patxo, en el barrio de Pablo VI. Aquí tienen nombre de papa dos barrios. Hay otro, junto a la vieja estación del tren y frente al arrabal de la Magdalena, que se llama Juan XXIII. Aunque el difunto Juan Pablo II llegó a visitar Azpeitia-Loyola, la cuna de la Compañía de Jesús-, no tiene calle. No sé si porque en un vuelco político los nacionalistas perdieron la mayoría y ganaron las municipales, partidos declaradamente agnósticos. No me gusta hacer predicciones macabras, pero creo que el papa Francisco llevará en su día el nombre de barrio -si es que se crean nuevos, que va a ser imposible porque ya no queda sitio- o el de una calle o el de una fuente. El papa jesuita pasó en Azpeitia una larga temporada antes de ser arzobispo de Buenos Aires y parece que dejó huella su jovialidad. Los jesuitas no son un lobby en la villa natal de San Ignacio, pero hay muchos jesuitas nativos de Azpeitia y sus viejos barrios -Odría, Oñaz, Loyola...- repartidos por el mundo y la casa madre, donde se elabora la doctrina, está aquí y no se ha movido desde el 1740. La fe.

El Patxo cerraba hoy sus puertas para siempre. No por la ley del encarecimiento de los alquileres, sino porque los dueños se han cansado de trabajar. Es un comedor de mesas largas, como tantos del País Vasco. Pero no de bancas de compartir, sino de sillas de respaldo. En un principio fue un asador de carnes, porque los primeros inquilinos fueron argentinos. Ya estaba entonces en Buenos Aires el papa jovial y no pudo catar aquellas carnes que servía un carnicero digamos mítico en Azpeitia, Victor (Bittor) Oyarzábal, que fue de la comisión taurina y era tenido por la mano más habilidosa para desollar toros después del arrastre. No dejaba ni un pelo. Pero todo se aprovechaba. La carne de toro bien sangrado hace buen caldo. Con puerros del país.

Cuando la crisis de 2007, los argentinos, descendientes de este valle, se fueron a tierras más prósperas y les sucedieron los titulares de ahora. Se abrió la carta a suculenta pesca y otras delicadezas, se cambió el decorado -desnuda madera de caserío-, se trajo vino de marca y patentaron un caldo de verduras como no conozco otro. Para honrar el cierre, después de la misa mayor tan bien cantada como siempre, me han llevado al Patxo a brindar con caldo. Allí he tenido el, regalo de unas cuantas historias narradas por un tipo maravilloso que hizo la mili en África en 1956 y te la cuenta como si lo hubieran licenciado ayer. Ni un tiro pegó. Se colocó en la enfermería, pero ni llegaban heridos del frente porque se había terminado la guerra hacía casi un año. Los nativos de Tetuán se sentían españoles en su mayoría y la independencia de Marruecos fue para todos ellos una renuncia a la vida saludable. Todos los médicos eran españoles. Los dos encargados de la enfermería, guipuzcoanos.

Los argentinos dejaron de legado dos fotos de casi mural soberbias. Una, de dos vagones de aquel tren maravilloso que hacía la línea de Zumárraga a Zumaya, la última del alfabeto ferroviario, y otra del antiguo edificio de los Juzgados y la Cárcel bombardeado por la aviación alemana en 1937. Aquel edificio es ahora el centro médico de Azpeitia y su amplia comarca. Los vagones descansan en un museo. Sin máquina no se mueven. Las estaciones de la línea parecen palacios vascos de gótico civil. O plateresco.”

RESEÑA DE LA CORRIDA
Azpeitia. Lunes 31 de julio. 3ª de San Ignacio. Encapotado. 3.300 almas. Seis toros de Hijos de Celestino Cuadri. El quinto, sobrero.
Antonio Gaspar “Paulita”, una oreja y ovación tras un aviso. Alberto Lamelas, saludos tras un aviso en los dos. Sebastián Ritter, saludos tras un aviso y ovación.
Picó muy bien Antonio Prieto al segundo. Buenos pares de Sergio Aguilar, Juan Sierra y Manolo de los Reyes.

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