martes, 6 de junio de 2017

DE LA PANTALLA VI 6 17

Raza Victorino
(Jorge Arturo Díaz Reyes)

Llenaron Las Ventas y fieles a sí mismos emocionaron abriendo la baraja de sus versiones familiares. Dos bravos, ambos toreados, uno más noble, otro más fiero. Con los demás no pudieron… o no quisieron. El público en vilo de principio a fin.    

Solo un cinqueño, de intimidante trapío, negro, veleto cornalón, con una cuna enorme y casi 600 kilos. Caminador sí, aunque sin malas intenciones. Diego Urdiales no lo quiso ni ver. Le espantó las moscas tres o cuatro veces y a paso de banderillas le infirió cuatro pinchos aleves y dos descabellos sin haberlo estoqueado. Pitado duro, declaró en elfondo del callejón --Ya me lo habían advertido esta mañana.

Con el cuarto, que tomó tres varas, abrumado por el genio del toro, intento encimarlo sin éxito y desistió de nuevo, repitiendo reprimenda, la cual tuvo continuación al irse de la plaza, como preguntando ¿Hasta cuándo Urdiales?

Talavante descubrió pronto las altas virtudes de Murmullo y no las desperdició. Cuatro verónicas y media buenas y tras el desangelado quite de Ureña y dos buenos pares de Trujillo, de una vez por naturales faena de tú a tú, ambidiestra en los medios. El cárdeno exigía, y lo reafirmo cuando quizá juzgó irrespetuosa una arrucina de remate y se fue arriba tras la muleta. Lidia seria, expuesta, con sello torero.

La estocada pasada y excéntrica no impidió que don Javier Cano Seijo, tan pronto en servir las orejas a las figuras como en negarlas a los novilleros, lanzara su pañuelo. Protestas. Luego, el extremeño no se sintió en la necesidad de matarse con el complejo quinto. Sonaron pitos. --Había que estar lo menos posible con él— confesó muy honestamente después el extremeño.

Paco Ureña quieto, aguantado y honesto le hizo los honores a Pastelero, uno de los toros de la feria. Solo 520 kilos, pero con un escaparate sobre la testa, y una fiereza que ganó los tendidos. La pelea fue de gran contenido y voltaje, agrandada por el grado de riesgo y dificultad que afloraba en los prontos retornos. La derecha ligó y templó más que la izquierda. No importó, el intenso estado emocional creado no necesitaba más. La espada entró toda, tendida y sin efecto, qué pesar, encima la cruceta erró. Pidieron la vuelta para Pastelero, Usía no quiso, la dio el torero.  Con el sexto bregó sin resultado, ganándose puntazo en la pierna derecha y se fue con honor.

Victorino, que vio la corrida en compañía de Luis Bolívar, dijo al final modestamente –Fue solo una más— Tal vez, pero cuántos ganaderos no se sentirían realizados con solo esa más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario