miércoles, 31 de mayo de 2017

MADRID - 21ª SAN ISIDRO

Como diría Gorki
(Siguiendo a Barquerito)

Miércoles 31 de mayo. La Ley Boyer castiga los inquilinos. La hora de los toros es sagrada. Una faena extraordinaria en chiqueros. Agotado el billetaje. Brillante corrida.

Enviado por Ignacio Álvarez Vara: “Nada más cruzarse la calle de la Sierpe, en la acera de los pares de la calle de Toledo, hay en el chiscón de un portal una tiendita especializada en correas de reloj y pequeñas reparaciones, cambios de pilas o limpiezas de fondos como los de los barcos pesqueros. No creo que haya en Madrid un establecimiento especializado más primoroso. La dueña tiene el don de los relojeros: una habilidad infinita. La sensibilidad en la yema de dos dedos privativa del oficio. Don celestial. No sé por qué a mí se me gastan mucho las pilas del reloj. Será de tanto mirarlo. Me gusta mucho saber qué hora es. No por nada. Gajes del oficio: la hora de los toros es sagrada.

El comercio pequeño y mediano del barrio está en retirada y últimamente en caída en picado. Aquella Ley Boyer que un gobierno socialista amparó para castigar a los inquilinos y convertir a los dueños de locales en terratenientes implacables, manos muertas como las previas a la Revolución Rusa, sí, aquella ley trajo a los barrios viejos y los centros de las ciudades el germen de la llamada, en traducción críptica del inglés, gentrificación, que implica destruir el comercio antiguo, ir extrañando poco a poco a los vecinos naturales y convertir las áreas libres en zonas esclavas del ruido, las franquicias y el desarraigo. Como diría Gorki... Vale”
  
Reseña: Miércoles 31 de mayo. 21ª de feria. Lleno. Seis toros de Victoriano del Rio, 612 kilos promedio, bien presentados, nobles y encastados.   
Miguel Ángel Perea, silencio tras aviso y oreja.
Alberto López Simón, saludo tras aviso y silencio tras aviso.
Andrés Roca Rey, oreja tras aviso y silencio tras aviso. 

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