sábado, 27 de mayo de 2017

MADRID - 17ª SAN ISIDRO

Profeta en toros
(Siguiendo a Barquerito)

Sábado 27 de mayo. Un descubrimiento de este año. Otra corrida. Solo hay que abrir los ojos. Aposté que El Torero iba a embestir. Una cogida y un torero poderoso y brillante.

Enviado por Ignacio Álvarez Vara: “La fragante resina de lo tilos del talud de las Ventas empezó a dejarse sentir a principios de semana. Es una de las señas de San Isidro. Creo haberlo contado más de una vez. De la huella de la sangre del desolladero al aroma de los tilos, que es tan invasor como el de los jazmines, pero mucho más poderoso. A mí se me va la nariz como la de un perro tras un rastro.

¿Olfato? Me había apostado una fortuna a que la corrida de El Torero iba a embestir con la fidelidad de un sabueso bueno y algo tendré que purgar. Hay que ser inocente para a estas alturas del combate pretenderse profeta en toros. No escarmientas, nunca aprendes. ¡Quién iba a imaginarse hace veinte o treinta años que la gente de sombra iba a acabar viniendo a los toros con merienda en fiambrera de plástico, y con botes de cerveza camuflados...! ¡Y comerse un plátano! Y, luego, es cada vez mayor la afluencia de espectadores de aluvión que se han hecho al lenguaje de las retransmisiones de corridas televisadas y entonces son no pocos los que se pasan radiando la corrida que tú ves o entiendes en silencio y no a oscuras pero atento al juego de las sombras. Este año he descubierto que la vista desde el palco, en el tercero de los cuatro pisos de la plaza, es mucho más rica que la que durante años tuve desde el tendido bajo junto a toriles. Otra corrida, otra perspectiva. En la delantera se apoyan los brazos en la barandilla. O los pies en los nervios de las barras. Nadie te aflige la espalda. Solo hay que abrir lo ojos.

En un viaje de metro conviene leer o pensar. Pero a veces no se puede. También en el metro habla a voz en grito mucha gente. No por la mañana temprano -eso he oído contar- pero sí después de comer. Entonces, si vas sentado, trata de estudiar los pies de la gente. La clase de calzado. Cada vez se ven menos zapatos y más sandalias o calzado deportivo con refuerzos en todos los flancos, alzas y la marca impresa en colores fosforescentes. Quebrarán los fabricantes de betún. Oí contar el pasado invierno al betunero mexicano que trabaja en las escaleras del cine Capitol que la clientela les había bajado más de la mitad. No por la crisis, que justifica en parte que la gente vaya a los toros con botes calientes de cerveza comprados en el supermercado, sino porque en el supermercado se compran a precio de dos por uno o tres por dos las esponjas de lustrar o las cremas líquidas de marca blanca que contaminan el fondo de todos los mares.”
  
Reseña: Sábado 27 de mayo., 17ª de feria. Casi lleno. Cinco toros de El torero, 545 kilos promedio, desiguales y con poca fuerza.   
Joselito Adame, silencio, cogida y oreja.
Francisco José Espada, cogida y ovación.

Ginés Marín, silencio, silencio tras aviso y oreja en el que lidió por Espada. 

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