miércoles, 31 de mayo de 2017

DE LA PANTALLA V 31 17

Morante en el 7
(Jorge Arturo Díaz Reyes)

Astifinos, hondos, cuajados, cuatro cinqueños y 612 kilos promedio. Nada de toro enano. Láminas para Madrid. Aunque quizá no tanto esa nobleza juanpedreña tan cultivada en casa de don Victoriano del Río y a veces tan cercana de la docilidad. Con la medida exacta de las faenas los epílogos hubiesen sido más felices y la recompensa mayor. Porque atacaron pronto y de largo, pero al final quisieron tablas todos, excepto el tercero que aquerenciado las quiso de salida, pero allí embistió.

Refutando sofismas, nada de caídas pese a la romana, y un tumbo, tumbo del gran quinto a Tito Sandoval quien se fue muy ovacionado. Como también Javier Ambel por su magistral capoteo al cuarto. En fin, versiones no perfectas pero validas del toro de lidia. Corrrida buena. Que lo diga Morante de la Puebla, quien con camisa floreada, puro y bota, se la gozó sentado en la fila cuatro del tendido siete. Blanco repetido de la cámara que le pilló celebrando alborozado la vuelta con oreja de Perera, como lo que era en ese momento, un aficionado más de sol.

Se agotó el papel y la clientela se sintió justificada. Lo expresó con sus aplausos al despedir la terna. Claro, no faltaron pitos ni enfados cuando se perdía el cruce al pitón contrario, y sorprendentemente cuando se quiso colocar alguno para la tercera vara. Evidencia de que los sopladores de Las Ventas no son siempre los puristas.

Roca Rey no abundó esta vez en quites, pero sí con la muleta. Aceptando la pelea en donde más pesa el toro, en su querencia. Cerca de las tablas dio las ventajas y trazó naturales y derechas largas, bajas, veraces y ligadas y cerró sus dos faenas con sendos volapiés de alta escuela. Oreja.

El Capea, dijo que la imagen de la tarde fue el gran pase de pecho de su yerno Miguel Ángel al cuarto. No hay nepotismo en ello, fue una joya. López Simón volvió por instantes a la verticalidad desmadejada que le rentó tanto y que Madrid le reclamó. Sintió el clamor de la plaza, la recuperaba con el buen segundo, había que entra a matar ya. Pero dejó pasar el momento preciso y no se lo perdonaron.

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