sábado, 27 de mayo de 2017

DE LA PANTALLA V 27 17

El mero mero
(Jorge Arturo Díaz Reyes)

La tarde naufragaba. Los toros protestados de salida y de arrastre. El primero había cogido al joven confirmante mandándolo inconsciente a la enfermería. El triunfador de anteayer no había podido escuchar más aplausos que los de saludo al deshacerse el paseíllo, y antes de saltar el sexto competían parejos el desencanto y el enojo en los tendidos.

Omaní, cuatreño, de 549 kilos que le hubiese correspondido al cogido, tenía una cuna descomunal. Tras los dos primeros tercios azarosos y poco promisorios Joselito Adame se fue a los medios para un brindis que parecía más una disculpa con el púbico por ese par de malas horas vividas.

Seis estatuarios clavados, dos derechas, cambio de mano y un pase de pecho, ejecutados con gran convicción y tomados a galope cantaron que no eran disculpas, que la cosa iba en serio de lado y lado. Y la plaza cambió, lanzándose a la faena ruidosamente. Los naturales frontales a pie junto primero y luego hasta seis en la tercera tanda, las derechas templadas y en jurisdicción de cacho, los remates y el desdén, la entrega y el desplante se jalearon a todo pulmón.

La intensidad era mayor que la pureza. En la tercera de las muy apretadas bernadinas la muleta voló y el mexicano olvidándose de la cercanía del toro fue por ella capturándola en el aire para continuar por lo mismo. 

Igualó en el tercio e inesperadamente arrojó el engaño y con la mano desnuda citó, arrojándose a volapié para una estocada total arriba mientras el pitón derecho le penetraba la taleguilla por la ingle. Cayó el torero y al mismo tiempo sobre él, encima, el toro fulminado. Tuvieron que sacarlo. Mientras el público clamaba sorprendido y admirado por la más rápida y dramática muerte que seguramente habían presenciado en su vida.

El gesto de la figura de América en la primera plaza del mundo, fue testimonio de orgullo y quizá salvó la tarde, pero no tapa la pobre presentación de la ganadería. Yo no sé si existen precedentes a estas alturas de la feria, corrida diecisiete, de un San Isidro en que se hayan protestado más toros de salida, incluyendo el que le dieron ayer la vuelta al ruedo. 

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