jueves, 18 de mayo de 2017

DE LA PANTALLA V 18 17

Los malos y el bueno
(Jorge Arturo Díaz Reyes)

La tarde caía por la pendiente del descastamiento y el enfado. Empujada por cuatro toros de Parladé y dos del Montecillo. Además, las duras protestas por el escaso trapío (para Madrid) del segundo y el tercero, ambos del primer hierro, agregaron acíbar.

Como si algo faltara, saltó a cambio del devuelto que corrió turno, el quinto, ese sobrero negro, poderoso, armadísimo que se puso el ruedo por montera. Pregonao para unos, burriciego para otros y todas las anteriores para los más. Como por sarcasmo se llamó Acobardado. Acometía tratando de llevarse todo. Lo primero, el capote de Fandiño quien se lo dejó y corriendo por su vida llegó desarmado a las tablas.

Luego le puso los pitones en el castoreño a Juan Melgar y punteó en ráfagas a lo largo del peto, para irse muy orondo a cazar lo que se pusiese a su alcance. Receló, escarbó, esperó, midió y arrolló. En el segundo tercio impuso la ley del terror y cuando tras mucho penar y arriesgar le habían clavado tres arpones, el matador imploraba por el cambió señalándose los ojos.

Nada, estamos en Las Ventas, pareció decir don Jesús Gómez obligando a otro par. Víctor Manuel Martínez se tiró a la media vuelta de un capotazo, clavó arriba, pero enganchado por la taleguilla estuvo a merced de las furiosas puñaladas, siendo rescatado íntegro milagrosamente.

El matador abrevió, podríamos decir omitió la lidia y en medio de un vendaval de pitos, tiró un espadazo asomado por el costillar y asestó cinco golpes de cruceta. La tarde tocaba fondo.

Cuando salió Helénico, el último. Castaño, cinqueño, 541 kilos, pronto, codicioso, alegre, repetidor, humillador. Todo lo contario de todos. Atacó leal el capote de Mora, la cabalgadura de Herrero y sobre todo los desafíos de Ángel Otero quien volvió a estar grandioso en dos sesgos por el derecho para saludar la ovación.

Por derechas y naturales el parladé regaló bravura. Cinco tandas ligadas de a cuatro y remate. No sublimes, correctas. Y de una, la estocada completa, muerte inmediata en los medios, la oreja y la sonora y consabida controversia. De todas maneras, el bueno había triunfado sobre los malos, muy malos y la tarde sobreaguó.

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